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Entrevista a Susana Lorente Velasco

TLGO! Desea a través de su Editorial y concretamente de su fundador Ignacio M. Góngora Chillida, más conocido en el ámbito de la preparación de oposiciones a Instituciones Penitenciarias como IGNACIO G.CH., que la entrevista de este número especial, editado con motivo de los exámenes oficiales para acceso al Cuerpo Especial y al Cuerpo de Ayudantes de II.PP. a celebrarse en Noviembre de 2021 y primeros tras la pandemia de la Covid-19, esté dedicada a Susana Lorente Velasco.

Susana Lorente Velasco

COORDINADORA DEL EQUIPO DE IGNACIO G. CH.

DOCTORA EN DERECHO CUM LAUDE POR LA UNIVERSIDAD DE GRANADA. ABOGADA Y CRIMINÓLOGA

RESUMEN CURRICULUM

  •  Licenciada en Derecho por la Universidad de Granada (1999) y Doctora en Derecho (2009) con sobresaliente cum laude.
  • Máster en Práctica Jurídica (2001).
  • Criminóloga con una media global de sobresaliente.
  • Profesora titular de Derecho Administrativo para los Cursos de Detectives Privados impartidos por el Centro de Formación Continua de la Universidad de Granada.
  • Profesora de Derecho Procesal Penal de la Fundación de Prácticas Jurídicas de Granada.
  • Abogada en ejercicio desde el año 2002, con Despacho profesional propio en Granada y especializado en Derecho Penal.
  • Acreditación de la Dirección General de Policía para la docencia en Centros de formación, actualización y adiestramiento del personal de seguridad privada, enseñanza en el área jurídica y área socioprofesional.
  • Premio en el Concurso en homenaje a D. Juan Jiménez Casquet organizado por el Grupo de Abogados Jóvenes del Ilustre Colegio de Abogados de Granada con el artículo «Aspectos prácticos sobre el tráfico de Drogas».
  • Ponente en diversos Seminarios, y autora de múltiples publicaciones entre las que destaca su monografía «Delitos de atentado contra la autoridad, sus agentes y los funcionarios públicos y de resistencia y desobediencia» Editorial Dykinson. Pero ante todo, actualmente, DOCENTE del Equipo de IGNACIO G.CH, especializado en las oposiciones a Instituciones Penitenciarias, y del que además es Coordinadora General.

El motivo de dicha entrevista es daros a conocer a la Directora de esta revista y Coordinadora del Equipo de IGNACIO G.CH. para la preparación de Oposiciones a Instituciones Penitenciarias, Equipo formado por auténticos profesionales altamente cualificados y que ella dirige en la actualidad tras haber tomado el relevo de su anterior Gerente, Ignacio.

Los que la hemos conocido no solo por su brillante trayectoria profesional digna de poder ser resaltada, sino también por su condición de Docente, sabemos de su especial entrega y de su buen hacer al respecto, del respeto y admiración que suscita entre sus alumnos presentes y del cariño que se le profesa tanto por ellos como por la gran multitud de antiguos alumnos hoy ya Funcionarios de Instituciones Penitenciarias, con los cuales en muchos de los casos sigue teniendo relación.

Por ello, se trata de una entrevista atípica y breve, basada tan solo en la formulación de DOS ÚNICAS PREGUNTAS que pasamos a desarrollar:

TLGO!: ¿Por qué alguien, que ha vivido la práctica del Derecho Penal en primera línea, lo deja todo para dedicarse a preparar opositores, y en este caso, de Instituciones Penitenciarias?

RESPUESTA: Desde niña, siempre me gustó la docencia. Mi juego favorito siempre fue darle clases a mi muñeca Rosaura con una pizarra que me compraron mis padres y una caja de tizas blancas. Me pasaba las horas jugando a ser profesora, sin saber que ese sería mi destino profesional.

Me licencié en Derecho por vocación, aunque he de reconocer que me sentía muy atraída por el mundo del periodismo, pues siempre tuve la necesidad de comunicar, de «contar cosas».

Al terminar la carrera decidí seguir formándome en el Máster, empecé la pasantía en un Despacho de Granada en el que entré gracias a la difusión que se dio a uno de los primeros artículos que me premiaron en un Concurso de Jóvenes Juristas, pues en mi familia nadie provenía del mundo del Derecho y tuve que adentrarme yo sola en los círculos jurídicos, ir dejando curriculum y demostrar que podía valer para esto a pesar de no tener un apellido de prestigio jurídico, cosa que dicha sea de paso, no es fácil en una ciudad como Granada.

Poco tardé en lanzarme a vivir mi propia aventura profesional, en montar mi Despacho y comenzar el ejercicio a la vez que lo compatibilizaba con el Doctorado, y con los Cursos de Criminología, pues el Derecho Penal me apasionaba tanto que quería saber todo lo posible, formarme el máximo en esa materia.

De esa etapa de estudiante de Criminología tengo grandes recuerdos, una perspectiva tan multidisciplinar me enriqueció mucho, me permitió conocer a compañeros de todos los ámbitos: Medicina, Psicología, Policía Científica…, aquello más que estudiar era disfrutar de lo que más me apasionaba. Pero, sin duda lo que más me ha forjado ha sido mi etapa como Abogada, enfrentarme a tantas situaciones tan complicadas, luchar en los Tribunales sintiendo que el futuro de una persona puede depender, en parte, de tu pericia, te enseña mucho, te somete a una presión que acaba por atraparte pero que también desgasta bastante, sobre todo cuando eres una persona tan emocional como yo. Diecinueve años de ejercicio de la Abogacía dan para mucho y aunque no los cambiaría por nada, ahora sé que por mi propia salud, hice bien en poner distancias con ese mundo tan intenso.

En alguna ocasión, durante esa etapa, en reuniones familiares con mi tío Juan Fernández Rodríguez, que contaba con una dilatada carrera penitenciaria en la que había sido Director de distintos Centros Penitenciarios tales como Bilbao, Málaga, Carabanchel en Madrid, Jaén y Granada, así como Inspector de Servicios del Área de Régimen en los Servicios Centrales, y que en ese momento colaboraba con Ignacio G.Ch., este me decía: «Me gustaría que entraras a formar parte de nuestro Equipo», «Tengo que presentarte a Ignacio». Y fue así, casi sin saberlo, como cambió mi vida, porque gracias a ello obtuve mi mejor oportunidad profesional.

Un día, recibí su llamada y antes de darme cuenta, ya estaba dando mi primera clase en Sevilla. Entonces impartíamos clases prácticamente en toda Andalucía y en Madrid. Recuerdo que aquel día, sentí más nervios que cuando acudía a Juicios en la Audiencia. Ni el Tribunal Supremo había conseguido tensarme tanto como lo hicieron aquella primera vez un grupo de opositores. Era todo muy diferente a la docencia a la que yo estaba acostumbrada, y que desde el primer momento me enganchó, quizás porque suponía un reto distinto para mí. Esto no se parecía en nada a lo que hasta entonces yo había hecho.

TLGO!: ¿Hoy en día, con la perspectiva del transcurso de los años, ¿Te alegras de la decisión tomada entonces o más bien te arrepientes de ella?

RESPUESTA: Sin lugar a dudas, me alegro y muchísimo de ella. Siempre digo que en mi vida, hasta el momento, las dos mejores decisiones que he tomado son, en primer lugar, «darle el sí» a mi marido y, en segundo, dárselo a Ignacio, salvando las diferencias.

Es una actividad docente que me ilusiona, motiva y recompensa como nada que haya hecho antes, pues el Derecho Penal me apasiona y poder transmitir a los alumnos mis conocimientos es muy satisfactorio. Siempre tuve la necesidad de comunicar y ahora, he encontrado el modo de hacerlo. No obstante, esto puede llegar a ser agotador, produce nódulos en las cuerdas vocales y te deja poco tiempo para el descanso, sobre todo si trabajas con la dedicación que yo lo hago, pero a nivel personal, siempre compensa.

Cada opositor tiene su propia historia y trabajar día a día con ellos supone tener el privilegio de ser espectadora, y a la vez parte, de una serie de historias de superación que te enseñan mucho. Quizás ellos no lo sepan pero, aprendo muchísimo a través de mis alumnos, de sus vivencias, de su esfuerzo y capacidad para luchar. Haces tuya su propia causa y te implicas tanto que vives los éxitos como si fueran tuyos, porque en parte, también lo son.

En este tiempo he ganado amistades para toda la vida, algunos de los que empiezan siendo alumnos, terminan dejando tanta huella en mí que nos sentimos unidos de una manera especial y mantenemos el contacto incluso años después de pasar por las aulas, ellos son mi verdadero caudal.

No hay dos clases iguales, no hay dos días iguales, aquí no existe monotonía porque cada jornada encuentras en algo o en alguien la motivación suficiente como para seguir dando lo mejor de ti a quienes lo merecen, pues ser opositor es ser valiente, y la valentía junto con la perseverancia y la suma del esfuerzo, siempre debe tener sus resultados y yo quiero estar en primera fila para verlo.

Afortunadamente, son muchos los aprobados que obtenemos en cada convocatoria y ello, sin perjuicio de que en determinados casos nos invada la tristeza por algunos de los alumnos que hayan podido quedarse en el camino, el éxito de los demás nos compensa en gran medida, pues ello

conlleva el acceso a un puesto de trabajo para toda la vida y ves como cambia el estatus del que hasta entonces ha sido como alumno tuyo, simplemente un opositor,

y al que, como es obvio, terminas queriendo y por tanto le deseas lo mejor para su futuro.