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Entrevista a Juan Antonio Marín Rios

Funcionario de Instituciones Penitenciarias desde 1.973 en que inició su carrera penitenciaria como Auxiliar, lo que años después pasaría a denominarse «Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias», tras superar la oposición del Cuerpo Especial, ejerció primero como Jefe de Servicios y posteriormente como Director de los Centros Penitenciarios de Nanclares de la Oca, Segovia, Madrid II (Alcalá-Meco), Málaga y Jaén, su tierra, donde finalizaría su larga carrera penitenciaria.

 

En el año 1986 dejaría los Centros Penitenciarios para asumir distintas funciones de responsabilidad en la Dirección General de II.PP., primero, y Secretaría General de II.PP., después, desempeñando durante los veinticinco años que permaneció en el Centro Directivo los puestos de Inspector de Servicios, Jefe de los Servicios de Régimen, Jefe de Área de Régimen, Coordinador de Programas de Seguridad y Gestión Penitenciaria y, finalmente, Director de Seguridad Interior y Gestión Penitenciaria. Durante dicha etapa, ha participado en el desarrollo tecnológico y de modernización del sistema penitenciario español, con el diseño, elaboración y ejecución de programas de gestión en el área de régimen y seguridad, entre los que cabe destacar: El Sistema de Identificación Automatizada (SIA), el Sistema de Telefonía Automático, la Creación del Fichero de Internos de Especial Seguimiento (FIES), el Programa de Dispersión, y la creación, diseño, desarrollo e implantación de los Grupos de Control y Seguimiento (GCS), entre otros muchos. Su contribución al desarrollo tecnológico y de modernización de las prisiones españolas, fue reconocida por el Gobierno, a través del Secretario General de Instituciones Penitenciarias, en declaraciones recogidas por Europa Press el día 11 de Diciembre de 2012.

 

Asimismo ha desempeñado diferentes actividades docentes como profesor de la Escuela de Estudios Penitenciarios, actualmente Área de Formación de Personal e impartido cursos de formación para profesionales penitenciarios en Europa (Rumanía y Polonia) y América (Colombia). Su participación activa y decidida en sus 40 años de servicio ha sido merecedora de diversas condecoraciones tales como las Medallas de Oro y de Plata al Mérito Penitenciario, la Cruz con distintivo blanco de la Orden al Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil y la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco, entre otras.

 

TLGO!: La primera pregunta es para que nos cuente por qué se decidió a escribir un libro sobre su vida penitenciaria.

 

RESPUESTA: Cuando se alcanza la edad de jubilación, anticipada en mi caso, el premio más preciado que recibes es el tiempo. Había que rellenar las diez o doce horas de trabajo que le dedicaba a mi profesión, y es cuando se empieza a reflexionar sobre qué proyectos se va a trabajar, además de retomar los hobbies que siempre te hubiera gustado realizar, pero que no pudo ser, en su plenitud, porque el trabajo te lo impedía.

La primera reflexión que me hice fue sobre los cuarenta años de vida laboral y, sobre todo, con la rapidez que habían pasado. Entonces pensé escribir mis vivencias penitenciarias para revivir los momentos difíciles, tanto malos, que fueron muchos, como los buenos, que también los hubo.

Fundamentalmente, la decisión de escribir un libro sobre mi vida profesional fue porque se lo prometí a mi querida hija Leticia. Desde muy pequeña, cuando regresaba a casa después del trabajo, siempre me decía que le contase lo que había sucedido. Como es obvio, solo le contaba alguna anécdota, real o inventada, e hicimos un pacto: que yo le contaría solo todas las cosas o situaciones que pudieran ser divertidas. Con el tiempo me hizo prometerle que algún día tendría que escribir un libro con aquellas vivencias compartidas mientras le daba la merienda y en ratos de tertulia. Siempre fue muy sensible con las clases más desfavorecidas, entre las que también tenían cabida las personas privadas de libertad.

 

TLGO!: ¿Nos puede decir por qué eligió la carrera penitenciaria y no otra?

 

R.: Como explico en el libro, no fui buen estudiante y decidí que tenía que hacer algo para salir del pueblo donde nací (Peal de Becerro-Jaén) y que me permitiera vivir con autonomía. Estando en Madrid, donde me había desplazado para estudiar, tomando un café con un primo, algo mayor que yo, me comentó que iba a preparar unas oposiciones para Funcionario de Prisiones, pero que había pensado dejarlo porque creía que no le iba a gustar ese trabajo y, además, encerraba cierto peligro. Esta fue la primera vez que escuché la palabra «prisiones» relacionada con la existencia de esta profesión. De repente pensé que, como eran pocos temas y se presentaban entonces muy pocos opositores, según me dijo, por qué no intentarlo y si, además, los temas me los regalaba, podría resultar interesante.

Después de tomar la decisión, obviamente, me interesé por el medio penitenciario y recabé información. Pero lo que realmente me importaba era asegurarme un trabajo para poder vivir a mi costa y no a la de mis padres.

 

TLGO!: Puede describirnos las primeras dificultades con las que se encontró tras su incorporación al mundo penitenciario una vez superada la oposición que le daba acceso a la carrera profesional?

 

R.: Como se pueden imaginar, el sistema penitenciario, en el año 1973, año en el que ingresé en la carrera penitenciaria, no era el más adecuado para que seres humanos cumplieran sus penas en condiciones mínimas aceptables. Digo mínimas aceptables, porque en la época de la que hablamos era mucha la gente que se encontraba en condiciones muy precarias, con la diferenciación de que unos (los encarcelados),
no disfrutaban de libertad y los otros sí, bueno…, hablemos de libertad relativa. Las prisiones estaban pensadas para retener a los reclusos, pero no estaban preparadas para corregir las conductas delictivas por las que ingresaron. No reunían las condiciones mínimas de salubridad e higiene, eran Centros de represión, como lo fue el régimen dictatorial que finalizaría, tras casi cuarenta años, dos años después de que entrara a formar parte de la comunidad penitenciaria. En el libro describo algunas vivencias duras de aquella época, pero esa era la realidad.

 

TLGO!: ¿Por qué decidió continuar con su carrera penitenciaria presentándose a las pruebas de acceso al Cuerpo Especial, si nos ha comentado que no eligió esta carrera profesional por vocación sino como medio para sobrevivir?

 

R.: Después de 6 años de trabajo en los Centros Penitenciarios de Teruel, Alcalá de Henares y Psiquiátrico Penitenciario, decidí que tenía que intentar pasar al Cuerpo Especial, desde donde sí tendría la oportunidad de alcanzar responsabilidades que me permitieran intentar mejorar las condiciones de habitabilidad de los Centros Penitenciarios y, por ende, la de los presos y, también de los funcionarios que, en algunos casos, sus condiciones no eran superiores a la de los reclusos.

 

TLGO!: Descríbanos los peores momentos por los que ha pasado el sistema penitenciario español durante su trayectoria penitenciaria.

 

R.: En el libro hago una exposición resumida de los peores momentos vividos. Eran tiempos muy difíciles distintos de los actuales. Se inicia en el año 1972 con un motín en la Prisión de Tarragona, un poco más tarde sucedería lo mismo en el Centro de Teruel. A partir de ahí, se sucedieron multitud de altercados graves y muy graves en numerosos Centros Penitenciarios como Burgos, San Sebastián, Ocaña, Barcelona, Madrid, etc., entre otros.

En el año 1976 nacieron grupos afines a los presos, asesorados por miembros de determinados grupos políticos, entre los que cabe destacar la Coordinadora de Presos Españoles en Lucha (COPEL), que si bien nació con objetivos que podrían considerarse, a priori, de entendimiento para intentar ser un instrumento vehicular para, a través del dialogo, llegar a ciertos acuerdos que favorecieran las condiciones de vida en las cárceles, en la práctica desgraciadamente, esto no fue así porque muchos de los que encabezaban la cúpula de la mencionada Coordinadora eran de un talante mafioso y violento, como los definiría Carlos García Valdés. No solo no controlaban a los presos, sino que, además, utilizaban la violencia para realizar extorsiones, robos, sirlas, incluso ajuste de cuentas. Con posterioridad aparecerían otras asociaciones de menor impacto mediático, diría yo, tales como la Asociación de Familiares y Amigos de los Presos (AFAPE), el Grupo Armado de Presos en Lucha (GAPEL) y otros.

Es obvio decir que, el comienzo de la convulsión que se produjo en nuestro sistema penitenciario coincidió con la situación política que se vivía en el exterior de las prisiones, momentos de cambio del sistema político dictatorial del momento, a una democracia. Las prisiones siempre se han hecho eco de lo que ocurre en el mundo exterior.

El centro neurálgico de la convulsión que se vivió durante los años a los que hago referencia en el sistema penitenciario español fue, sin duda, el Centro Penitenciario de Madrid, más conocido por «Carabanchel». Aquí se sucedieron altercados de todo tipo de los que fui testigo presencial, durante los tres meses que permanecí destinado provisionalmente, a finales de 1976. El libro recoge algunos acontecimientos que ponen de manifiesto la desorganización y descontrol que reinaba en la época a la que nos referimos. Como no podía ser de otra manera, tanto desorden y desastre reinante finalizó con la muerte de un preso, en Marzo de 1978. No fue a manos de los mismos presos, sino causada por la actitud despiadada de un reducidísimo grupo de funcionarios, según consta en la sentencia que los condenó. Este hecho fue conocido como el «caso Rueda».

Algo parecido, pero con distintos matices, ocurriría un año después en el Centro Penitenciario de Herrera de la Mancha, donde también fueron condenados varios funcionarios por la comisión de delitos de malos tratos.

También se produjeron algunas evasiones de calado, que destaco en el libro, no solo por la cantidad de los evadidos, sino también, por el perfil de los presos fugados. Seguro que todos recordamos, penitenciarios y no penitenciarios, la fuga de Segovia, donde se evadieron un total de 29 internos, (24 de ETA y 5 de otros grupos).

No necesito mencionar el riesgo y las dificultades que sufrimos todos los funcionarios durante estos periodos convulsos que vivieron las prisiones españolas.

Después, en la década de los 80, haría su aparición el terrorismo de ETA, asesinando al Médico de la Prisión del Puerto de Santa María, en Octubre de 1983. Primer asesinato cometido por esta banda de cobardes a un miembro de la familia penitenciaria.

Fue a partir de la promulgación de la Ley Orgánica General Penitenciaria (1979), cuando de forma tímida, se incrementaron los medios, tanto materiales como personales. Se realizaron inversiones considerables en la creación de nuevas infraestructuras que iban permitiendo el desarrollo de la jovencísima L.O.G.P, con la construcción de nuevos Centros. Entre los años 1980 y 1992, se edificaron más de 45 Centros Penitenciarios.

Fue a partir de Julio de 1991, con la entrada en vigor del Plan de Creación y Amortización de Centros Nuevos, impulsado por Antonio Asunción, cuando se produjo el comienzo de la verdadera «revolución» penitenciaria en todas las Áreas: gestión, infraestructuras, tecnológica, seguridad, tratamiento, etc. Este cambio fue el que permitió, y ha permitido, el pleno desarrollo de la LOGP.

Finalmente, en el año 1992, podemos decir que, tras uno de los secuestros más graves, el acaecido en el Centro Penitenciario de Daroca (Zaragoza), finalizaría, salvo algún incidente producido de forma aislada y, por supuesto, de menor gravedad que los anteriores, el periodo negativo anteriormente comentado, llevándonos a la realidad actual.

 

TLGO!: Según ha comentado, se produjeron conflictos muy graves como secuestros, motines etc. ¿Nos puede comentar si participó personalmente en algunos de estos conflictos?

 

R.: Como ya he dicho anteriormente, se produjeron multitud de incidentes muy graves en los Centros. El libro recoge, con más detalle, algunos de los conflictos surgidos de los desórdenes, falta de control y medios que se disponían en aquellos momentos y que la Administración no podía controlar. A partir de Febrero 1986, cuando fui nombrado Inspector de Régimen, más tarde pasaría a denominarse Inspector de Servicios, participé en la mayoría de los incidentes muy graves que se produjeron, especialmente en la resolución de secuestros de funcionarios. Mi participación en la resolución consistía en conseguir que el conflicto finalizase por la vía dialogada y, por supuesto, sin que se produjera lesión alguna de los funcionarios secuestrados, como ocurrió en el Puerto de Santa María, Almería y en algún otro. Sin embargo, no en todos fue posible, siendo necesaria la intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

 

TLGO!: Sr. Marín, ¿Cree usted en la reinserción de las personas condenadas e ingresadas en prisión?

 

R.: Por supuesto. De no haber sido así no habría trabajado durante 40 años en esta Institución. También debo decir que no es fácil conseguir que las personas condenadas consigan reinsertase, pero nuestra obligación, conforme al artículo 25.2. de la Constitución, es intentarlo. Por tanto, no solamente creo en el principio de reinserción, sino que, además, todos los trabajadores del sistema penitenciario lo debemos hacer por imperativo legal.

No es una tarea fácil, pero, como he dicho siempre, solo conseguirlo con uno habría merecido la pena el trabajo y la dedicación empleada. Le puedo asegurar que, afortunadamente, no ha sido uno, sino muchos más los que han vuelto a la sociedad con un cambio de valores y principios diferentes a los que poseían cuando ingresaron. Me consta, porque personalmente he podido comprobar que, una vez cumplieron sus deudas punitivas con la sociedad, han encontrado un trabajo, han formado una familia y están plenamente incorporados a la sociedad.

 

TLGO!:Por último. ¿Cuándo estima que se publicará su libro?

 

R.: Según la información que me ha facilitado la Editorial, creo que podría publicarse para finales del mes de Agosto o principios de Septiembre. No obstante, y teniendo en cuenta las circunstancias actuales, producidas por los efectos de la pandemia, podría demorarse la publicación del mismo.

 

TLGO!: Para finalizar, le damos las gracias por sus palabras y esperamos que su libro, el cual desde nuestras páginas recomendamos, vea pronto la luz. ¿Desea hacer alguna otra puntualización?

 

R.: Me va a permitir que aproveche este momento para felicitar a Instituciones Penitenciarias y a todos sus trabajadores y administrados por la gestión positiva realizada al respecto, hasta el momento. Una vez más, la Administración Penitenciaria en su conjunto, ha demostrado su capacidad de trabajo y buen hacer ante las adversidades que ha representado y representa, la feroz pandemia que asola al mundo y, en particular, a nuestro País.