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En el nombre del padre

1993, Irlanda, Reino Unido, EE.UU., Jim Sheridam

CURIOSIDADES SOBRE LA PELÍCULA:

El film está basado en el libro autobiográfico de Gerard Conlon, conocido como uno de «Los cuatro de Guildford». En él se cuenta la historia real de un irlandés que fue detenido en 1974, acusado y condenado a cadena perpetua por un crimen que no cometió y que tras haber perdido a su padre (con quien compartía celda por el mismo motivo), y haber pasado 15 años encerrado, consiguió demostrar su inocencia en octubre de 1989.

No estamos sólo ante un drama carcelario, ni ante una película de Abogados, o de personajes buenos y malos. Esta obra tiene mucho más calado, pues en ella se entremezclan asuntos como la justicia, la lealtad, el honor, la falta de oportunidades, los valores, la corrupción, el horror del terrorismo y sobre todo, la importancia de vivir en un Estado garantista.

El director de esta gran película, Jim Sheridan cometió un lamentable «error», que no fue otro que estrenar su obra en un momento poco acertado cinematográficamente hablando, pues aunque optó a varias estatuillas en la edición de los Oscar del 1994, Hollywood se rindió al horror del holocaustro nazi y a la maestría de Steven Spielberg, quien con su escalofriante «La lista de Schindler» le impidió obtener el premio al mejor actor y a la mejor película. Lo mismo le ocurrió a nuestro protagonista, Daniel Day- Lewis, que se tuvo que conformar con la nominación al mejor actor, en pro de un conmovedor Tom Hanks en Philadelphia. Aunque hemos de reconocer que esta última decisión no nos disgusta demasiado, pues estamos convencidos de que la interpretación de Pete Postlethwaite, como padre de la criatura, eclipsa en buena medida la correcta actuación de Daniel Day-Lewis.

El contexto de la historia que narra

Quizás, para entender mejor esta joya del cine, convenga que nos situemos previamente en el contexto en el que se desarrolla. Hablar de «En el nombre del padre» nos obliga a hacer referencia al Ejército Republicano Irlandés o IRA, del inglés Irish Republican Army; un grupo terrorista que obsesionado con la independencia de Irlanda, incrementó notablemente su actividad violenta en los años 60 y 70. Ante ello, algunos Estados de Europa respondieron aprobando leyes que mermaban en buena medida los derechos del detenido en aras de la protección frente al terrorismo. Se permitían diligencias policiales sin ningún tipo de control judicial tales como escuchas, registros, grabaciones de conversación, tomas de fotografías, interrogatorios sin presencia de Abogado, siendo uno de los aspectos más destacables permitir la detención policial de hasta siete días sin el más mínimo control judicial, y en absoluta ausencia de las garantías del Habeas Corpus; actuaciones todas ellas impensables en el contexto de cualquier Estado de Derecho que se precie. En este escenario se desarrolla la película que comentamos.

La película

El protagonista de nuestra historia es Gerald Patrick Conlon (Daniel Day-Lewis), a quien todo el mundo llama Gerry, un joven gamberro que vive en Belfast junto a su familia y que, por casualidad, descubre un piso franco del IRA en una de sus fechorías. Eso complica su permanencia en dicha localidad irlandesa, por lo que su padre, Giuseppe Conlon (Pete Postlethwaite), personaje clave en este relato, decide enviarlo a Londres en busca de una vida mejor. En el barco, coincide con su amigo Paul Hill (John Lynch), quien también viaja en busca de oportunidades.

Una vez en Londres, en lugar de quedarse en casa de la tía de Gerry, Annie McGuirre (Britta Smith), deciden alojarse en un casa okupa junto a una comuna hippie donde conviven con varios jóvenes en un contexto de drogas, amor libre y desorden. Allí coinciden con Paddy Armstrong (Mark Sheppard) y Carole Richardson (Beatie Edney), con quienes, más tarde, pasarán a la historia como «Los cuatro del Guildford».

A Gerry y Paul no les va nada bien en Londres, no tienen trabajo y siguen envueltos en sus trapicheos. Una noche, observan como a una mujer que salía de su casa se le caen las llaves del bolso, y aunque en un primer momento intentan devolvérselas, deciden adentrarse en el domicilio para llevarse lo que puedan. La víctima, resulta ser una prostituta que tiene una buena cantidad de dinero en metálico escondido en la pata de una cama, por lo que en ese robo con fuerza en las cosas, al que debería aplicarse la agravante de casa habitada (art. 241.1 de nuestro Código Penal) resulta bastante fructífero para nuestros protagonistas. Con el dinero obtenido se compran ropa de una alarmante extravagancia y deciden volver a Belfast, donde son detenidos y acusados del atentado terrorista llevado a cabo por el IRA en un pub de Guildford en la noche de 5 de octubre de 1974, y en el que murieron 5 personas y resultaron heridas otras 75. Dicho atentado, ni que decir tiene, que nos llevaría al Capítulo VII, Título XXII, del Libro II del Código para calificar con la mayor dureza.

Aunque Gerry y Paul nada tienen que ver con estos hechos, uno de los miembros de la comuna los acusa de haber sido los autores, cometiendo así un delito del art. 456 del C. Penal, en su modalidad más grave. Eso provoca la detención de ambos y de sus colegas Paddy y Carole, comenzando ahí el periplo de «Los cuatro del Guildford».

Durante la detención son torturados, coaccionados, amenazados y obligados a confesar la autoría de un crimen en el que no han intervenido. La investigación, dirigida por un Inspector sin escrúpulos, tiene una única finalidad: obtener las confesiones para poder fardar ante las altas jerarquías de haber resuelto el crimen.

A los Agentes no les interesa conocer la verdad, sino satisfacer a la cúpula del poder y calmar a una sociedad atemorizada por el terrorismo. Su conducta constituiría delitos de tortura del artículo 174.1 de nuestro vigente texto punitivo. Especialmente importante es el hecho de que tanto Gerry como Paul tienen como coartada que esa noche, mientras ocurría el atentado, ellos estaban compartiendo un banco en un parque junto a un vagabundo cuyos datos aportan, y que después del robo a la prostituta, se alojaron en un hotel de la ciudad. A nadie le interesa investigar dicha coartada y la policía procede a detener a la tía de Gerry, Annie McGuirre, a su marido e hijos y Giuseppe, el padre del protagonista, acusándolos a todos falsamente y manipulando pruebas tales como los guantes de limpiar de tía Annie o las ropas de sus hijos adolescentes, quienes ni siquiera saben qué es el IRA.

Esto da paso a un juicio ante el Tribunal del Jurado de lo más grotesco, donde resultan condenados todos, siendo de destacar la cadena perpetua para Gerry y sus colegas y la pena de prisión de 30 años que se impone a Guiseppe, lo que supone condenarlo a pasar el resto de su vida en la cárcel. La tía Annie es condenada junto a su familia a sendas condenas de prisión. A partir de ahí la película se torna en un auténtico drama carcelario, al más puro estilo Guantánamo. Destaca la tortuosa relación entre Gerry y su padre, con quien comparte celda, la desesperanza y rabia contenida del protagonista, que decide resignarse ante la inquebrantable fe de Guissepe, un hombre bueno, educado, religioso y que no se permite perder sus valores en ningún momento, por muy perdido que se halle.

Son dos los personajes que dan un trascendental giro a la trama: uno de ellos es el verdadero autor del atentado, un terrorista confeso llamado Joe McAndrew, quien ingresa en la misma prisión y reconoce ante la policía ser él quien causó el crimen de Guildford. Pero judicialmente nada cambia, el caso no se revisa y contrasta la reacción de Gerry ante esta nueva realidad, con la de su padre. Mientras que el joven encuentra en Joe un apoyo para ganarse el respeto en la prisión, y una esperanza, el bueno de Giusseppe no acepta mezclarse con semejante asesino y sigue resignado a su suerte, sin perder la fe pero, descartando aliarse con el terrorista.

El otro gran personaje que marcará el destino de los protagonistas es, sin duda, la joven Abogada Gareth Pierce (interpretada por nuestra admiradísima Emma Thompson) quien cree en la inocencia del padre y del hijo y se enfrasca en demostrarla. En todo este contexto se desarrolla la muerte de

Giusseppe, quien estaba muy enfermo, lo cual había llevado a la letrada a instar una medida humanitaria de excarcelación (pensamos que acorde con nuestro artículo 91.3 del Código), que fue denegada y derivó en que el pobre hombre falleciera solo, en el hospital, al que tuvo que ser traslado de urgencia ante la desolada mirada de su hijo. Justo ahí se vive una escena imborrable: el resto de internos, enterados del fallecimiento de su estimado compañero, en señal de reivindicación comienzan a lanzar papeles ardiendo a través de las rejas de sus ventanas, ofreciéndonos una singular imagen del patio interior de la cárcel, iluminado en honor al bueno de Giusseppe.

Es ahora, y no antes, cuando Gerry se convence de la necesidad de luchar, de salir de allí, de hacer Justicia y sobre todo, de limpiar el nombre de su padre. Por eso, en el nombre del padre, comienza una guerra personal con el sistema, asistido de su brillante letrada, que concluye con su puesta en libertad junto a la de todos los injustamente condenados y que le lleva a conseguir probar no solo su inocencia sino también la de su padre. Procesalmente, es el Recurso Extraordinario de Revisión (recogido en el artículo 954 de nuestra Ley de Enjuiciamiento), el que permite hacer justicia 15 años después del comienzo de la pesadilla.

La película nos lleva a reflexionar sobre el peligro que entraña un sistema policial corrupto y un Jurado mediatizado, sobre la importancia de preservar las garantías en un Estado de Derecho y sobre la valiosa existencia de los mecanismos procesales de impugnación. Estamos ante una historia con fuerza, que nos implica y atrapa conforme avanza en su trama. Nos presenta una relación de padre e hijo, que si bien es tormentosa, es capaz de emocionarnos en muchas escenas, todo ello con un «sabroso aderezo» de una banda sonora protagonizada por Bono, Hendrix o el mismísimo Bob Marley, que nos envuelven en los pormenores de una historia bien contada, quizás no tan lejana en el tiempo y que nos permiten vivir frente al televisor una experiencia tan enriquecedora como conmovedora.