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Análisis: Relatos Salvajes

2014, Argentina, Damián Szifron

 

Este artículo contiene spoilers.

Curiosidades sobre la película:

La película se inspira en una popular serie televisiva producida por Steven Spielberg, «Cuentos asombrosos» que alcanzó gran fama en EE.UU. en la década de los ochenta. El mismísimo Pedro Almodóvar participó en la producción de esta cinta, que, tras arrasar en su estreno, se convirtió en la película de habla hispana más taquillera de la historia en Argentina, y fue elegida para representar al país latinoamericano en los Oscar como la mejor película de habla no inglesa, que finalmente, en 2015, se llevó «Ida», la conmovedora historia de una joven novicia afectada por el horror de la época nazi.

Entre su palmarés, en 2014, destaca el Goya a la mejor película hispanoamericana, el premio del público al mejor film europeo en el Festival de San Sebastián, Premio Ariel a la mejor película iberoamericana, 8 premios platino incluyendo mejor película, dirección y guion, y unos cuantos más que evidencian el reconocimiento de la crítica y del público ante esta obra singular que cuenta, de la mejor manera posible, lo peor del ser humano.

¡CUIDADO! ¡SPOILERS!

A lo largo de la historia son muchos los estudios que han intentado resolver una de las grandes preguntas, con la que aún

hoy se debate la criminología más moderna: ¿Por qué delinque el ser humano? Por un lado, existen razones utilitarias: el lucro, el beneficio económico, la posición social… Pero por otro, hay razones emocionales muy poderosas como la ira, la venganza, los celos, la pasión…, razones que tienen que ver con aspectos intrínsecos del ser humano, pero también con el entorno social como condicionante. «Relatos salvajes» centra el foco de atención en este segundo aspecto criminológico, pues en palabras del propio director, la película aborda la difusa frontera que separa a la civilización de la barbarie, del vértigo de perder los estribos y del innegable placer de perder el control.

El debate en torno a esta obra se cierne en una idea clara: «todos, llevados al límite somos capaces de delinquir», incluso de matar. La cuestión está es saber dónde se encuentra el límite de cada uno, y cuáles son los factores sociológicos, psicológicos o morales que han de influir para que esto se materialice. «Relatos salvajes» pone sobre la mesa esa realidad y nos presenta seis historias distintas con un denominador común, el placer de tomarnos la justicia por nuestras propias manos, de vengarnos, de dejar salir nuestro instinto más fatal. El filme nos atrapa desde los primeros minutos, mostrándonos una sucesión de personajes y situaciones a veces escabrosas, o incluso terroríficas, pero, escandalosamente divertidas y fascinantes.

<< EL AVIÓN: Rencor y Venganza>>

Gabriel Pasternak (al cual no llegamos a poner cara en la película) ha sido una persona engañada, ridiculizada, acosada y humillada a lo largo de toda su existencia. Todas las personas que de algún modo le dañaron: su ex novia, su mejor amigo, un crítico musical que destrozó sus expectativas, una profesora que le hizo repetir curso, un psiquiatra que no supo entenderle, …, están a bordo de un avión cuyo comandante de vuelo es el desdichado Pasternak, quien ha planeado una venganza tan brutal como reclutarlos a todos para estrellar el aparato en el jardín de, la que intuimos, es la casa de sus padres, arrasando también con ellos.

Suponemos que todos mueren, incluso el propio piloto, por lo que poco podría hacer el Derecho Penal ante ello, pero si nos planteáramos la posibilidad de supervivencia de Gabriel, nada le libraría de ser condenado a prisión permanente revisable con los cumplimientos propios del art. 140.2 C. Penal al tratarse, sin duda, de un verdadero «asesino en serie». Ninguna de las muertes encajaría en las agravantes del 140.1 pero sí en las del apartado 2, llegando a precisar un cumplimiento concursal para poder obtener el tercer grado y la libertad condicional. Pocas esperanzas habría de encontrar exención a su pena por la existencia de una posible enfermedad o alteración mental, pues lo meticuloso y estudiado del plan nos deja clara la existencia de una mente altamente vengativa y rencorosa, pero que funciona con la precisión y nitidez suficiente como para alcanzar el propósito pretendido y deseado.

<<EL MATARRATAS: Resentimiento y Odio>>

A un restaurante de carretera llega Cuenca (César Bordón), un prestamista usurero, despiadado y déspota a quien la camarera del lugar (Walter Donado) reconoce enseguida e identifica como el culpable de la ruina de su familia y del suicidio de su padre. Se dispone, algo nerviosa, a contárselo a la cocinera (una brillante y despiadada Rita Cortese) y ésta intenta convencerla para que se vengue de él y le ponga matarratas en el plato de papas que ha pedido. Hasta aquí, tenemos los elementos penales propios de una inducción, pero fallida, pues no consigue convencerla. No obstante, la cocinera al ver que no da fruto su insistencia, decide por su propia cuenta verter el veneno en la comida del tipo y la camarera, sin conocer esta circunstancia, se la sirve. Vemos ahora en esta escena un ejemplo claro de autoría mediata. La persona de detrás (cocinera) instrumentaliza a la de delante (camarera) para cometer el delito.

Los matices llegan momentos después, cuando entra en el local el hijo del tal Cuenca y también comienza a ingerir las papas envenenadas. La cocinera muestra su voluntad de que también muera, llegando incluso a desearlo para así «acabar con la estirpe». La camarera, en cambio, teniendo ya conocimiento de la situación, intenta impedir que tanto el padre como el hijo sigan comiendo. Esta conducta de la joven reforzaría la línea de defensa de cualquier letrado que intentase librarla de una posible complicidad. Curioso giro toma la escena cuando el tipo intenta zafarse de la chica, empujándola para que lo deje seguir comiendo y entonces, sin mediar palabra la verdadera villana de la historia, lo apuñala por la espalda sin piedad cometiendo un asesinato con alevosía y ensañamiento, pues Cuenca no muere del veneno sino desangrado. Tanto de esta muerte como de las lesiones que sufre el muchacho, respondería la cocinera en calidad de autora.

<<EL MÁS FUERTE: Orgullo, Ira y Rabia>>

Diego (Leonardo Sbaraglia) es un joven adinerado que va disfrutando de su Audi por una solitaria carretera hasta que se le coloca delante Mario (Walter Donado), con un viejo Peugeot que no es sino una molestia en la ruta de Diego. Éste intenta adelantarle, pero Mario le bloquea el paso, consiguiendo finalmente el joven rebasarlo, pero no sin antes insultarle y mofarse de él. Nada hace pensar a Diego que va a volver a tener un encontronazo con el albañil al que ha despreciado, pero a pocos metros, al flamante Audi se le pincha un neumático, ocasión que aprovecha Mario para vengarse. Se detiene para destrozar el vehículo de Diego, golpea los cristales, rompe el parabrisas, y se sube encima de capó del coche para defecar y orinar sobre él. Daños, trato degradante, una respuesta delictiva desproporcionada y colérica ante quien ya había le había pedido perdón varias veces por su anterior conducta ofensiva.

Cuando el albañil se introduce en su coche con la satisfacción de haberse vengado de Diego, éste, movido por la ira y el arrebato decide embestir el coche de Mario y arrojarlo al lecho del río, para después continuar colocando la rueda de su vehículo. Ante la embestida, Mario sale de su coche y colérico, le grita a Diego que acabará con él, que conoce su matrícula y que lo buscará para matarlo. En un primer momento Diego decide huir pero, en cuestión de segundos, toma una decisión crucial: darse la vuelta y embestir con toda su ira a su rival. Sus planes fallan, ya que pierde el control del vehículo. De detenerse ahí la escena, estaríamos ante una tentativa de asesinato, pero es ahora cuando se inicia una encarnizada y brutal lucha entre ambos, que miden sus fuerzas con una rabiosa crueldad que termina con los dos carbonizados y abrazados dentro del coche. Soberbia, orgullo, ira, y puede que en parte, lucha de clases, desatan el lado salvaje de dos personas que pierden el control de manera inexplicable.

<<BOMBITA: La lucha contra las injusticas sociales>>

Quizás sea el cuarto relato de la película aquél con el que el espectador más empatice. Todos hemos estado alguna vez hartos del sistema del que formamos parte y seguro que nos hemos sentido indefensos e injustamente vapuleados por él en algún momento de nuestras vidas. Esa es la historia de Simón (Ricardo Darín) un ingeniero experto en explosivos que ve como se le complica todo hasta llegar a perder la estabilidad de su vida a partir de una infracción administrativa. El día del cumpleaños de su hija, Simón aparca su coche para comprar la tarta y cuando sale, la grúa se lo ha retirado por haber aparcado en zona prohibida. Él insiste en que no vio ninguna línea de prohibición porque ésta estaba borrada, que no tuvo conocimiento de que estaba cometiendo una infracción y ahí comienza su infierno burocrático.

 

Le repiten que «la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento», que su infracción es objetiva y que no le queda otra que pagar. Eso hace que llegue tarde al cumpleaños de su hija, que su esposa le pida el divorcio, que incluso pierda el trabajo. Las cosas se complican tanto que esa indefensión frente al sistema administrativo sancionador que él siente le lleva a tomarse «la justicia por su mano» y pasa a la acción: coloca meticulosamente explosivos en el maletero de su vehículo y lo estaciona mal, a propósito, para que sea remolcado por la grúa, mientras él lo visualiza todo desde el interior en una cafetería con suma satisfacción. Ya en el depósito de vehículos, la explosión se produce y «Bombita» se convierte en un emblema de la lucha contra el sistema. Su acción no ha provocado muertes, pues así lo ha calculado él, sino sólo daños (agravados por el artículo 266 del C. Penal) y con ella, ha logrado que se cuestione la legalidad de esas actuaciones sancionadoras de la Administración. «Bombita» ingresa en prisión, pero es un ídolo social, ha conseguido cambiar las cosas, ganarse el beneplácito todos, incluidos sus compañeros de la prisión y recuperar el cariño de su mujer y su hija.

<<LA PROPUESTA: Encubrir. Manipular. Corromper>>

Santiago es un joven rico que despierta a sus padres en medio de la noche para contarles entre lágrimas que acaba de atropellar una mujer embarazada y darse a la fuga. Mauricio, padre del chico y dueño del vehículo, (interpretado por el gran Oscar Martínez) llama al abogado de la familia (Osmar Núñez), quien se presenta de inmediato en casa dispuesto a hacer cuanto esté en su mano para evitar que el joven entre en la cárcel. Cuando en televisión dan la noticia de la muerte de la víctima y el hijo que esperaba, Mauricio y el letrado idean un plan para culpar al jardinero (Germán de Silva) del crimen y así desvincular a Santiago de lo ocurrido.

Comienza una negociación en la que le ofrecen al jardinero 500 mil dólares si asume las culpas. En ese clima de dudas y conspiración, entra en escena el Fiscal, quien tarda poco en darse cuenta de que le están mintiendo y se apunta a la trama corrupta. Mauricio, el padre cometería un encubrimiento del que quedaría impune dada la excusa de parentesco del artículo 454 de nuestro Código. Su ofrecimiento al Fiscal constituiría un cohecho de particular atenuado por encajar en el tipo privilegiado del artículo 425 del texto punitivo. En el abogado, apreciamos un cohecho del artículo 424 (de particular, pero sin la atenuación de la que se beneficia Mauricio) y en el Fiscal, un cohecho pasivo propio del artículo 419 del Código, en concurso con una omisión del deber de perseguir delitos. Respecto al desdichado jardinero poca respuesta penal podemos pretender aplicarle pues al salir detenido de la vivienda, entre la multitud de periodistas que le acechan, es asesinado por el marido de la víctima. De no haber sido así, en el no tan ingenuo chivo expiatorio, concurriría un delito de encubrimiento junto con la acción propia del artículo 457 del Código, «hacerse pasar por autor del delito» que quedaría en grado de tentativa, ya que ni siquiera da tiempo a provocar actuaciones procesales más allá de la propia detención policial.

Este relato deja en evidencia el funcionamiento de un sistema corrupto, de un padre de familia dispuesto a casi todo con tal de salvaguardar a su hijo, de un abogado sin escrúpulos, de un jardinero dispuesto a venderse y de un Fiscal al que, lo que menos le importa, es la Justicia. La historia solo está a punto de quebrarse cuando Mauricio se siente estafado, pues a pesar de su instinto de protección paternal, no está dispuesto a ver demasiado mermada su fortuna. Resulta curioso que, de todos los personajes, el más leal es, precisamente, el autor del crimen, quien en todo momento se muestra abatido, arrepentido y dispuesto a confesar su delito.

<<HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE: Pasión y Celos>>

Y no puede haber mejor capítulo para concluir la obra que el que nos presentan estos novios, que nos demuestran cómo cuando concurren celos, alcohol y pasiones, el ser humano es capaz de superar límites insospechados. Romina (Érica Rivas) descubre durante el banquete de su boda que su recién estrenado marido (Diego Gentile) la engaña con una compañera de trabajo. El duelo, da paso enseguida una explosión de despecho, a una reacción desmesurada de rabia que deriva en delitos de amenazas, de lesiones y en un espectáculo dantesco digno del mejor broche de oro de esta salvaje serie de relatos.