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Alguien voló sobre el nido del cuco

1975, EE.UU., Miloš Forman

CURIOSIDADES SOBRE LA PELÍCULA:

Posiblemente, una de las mejores cosas que ha hecho Michael Douglas en toda su trayectoria cinematográfica, haya sido producir esta película1, pues no en vano, fue la segunda vez en la historia de los Óscar2 (tras «Sucedió una noche») que una misma obra se llevó las cinco estatuillas principales: Mejor película, Mejor actor (Jack Nicholson), Mejor actríz (Louise Fletcher), Mejor director (Miloš Forman) y Mejor guion adaptado (Lawrence Hauben y Bo Goldman).

Basada en la novela homónima de Ken Kesey, cuyo título encuentra su origen en una rima infantil que el autor recordaba escuchar de su abuela: «Había tres gansos en la bandada. Uno voló hacia el este, uno voló hacia el oeste y uno voló sobre el nido del cuco». Esta rima significa que cada uno tiene un destino distinto a los demás, y así ocurre en la novela, como a continuación analizaremos. Además, en EEUU el slang cuckoo’s nest, es una forma peyorativa de definir un manicomio.

 

Comentario de la película

Son muchas las cosas a destacar en esta cinta, pero sin duda, una de las más relevantes es la sublime interpretación de Jack Nicholson en el papel del protagonista: Randle McMurphy, un personaje tan desafiante e inteligente como temerario, alguien que nos embauca desde los primeros minutos con la arrolladora personalidad de un lunático, unida a la fuerza interpretativa de un Nicholson que, nos atrevemos a insinuar, que puede que aquí hiciera el mejor papel de su carrera, pero eso es cuestión de gustos.

McMurphy es trasladado a un hospital psiquiátrico de Oregón, después de haber cumplido pena durante algún tiempo en una granja carcelaria, condenado por varios intentos de violación a menores de edad. En una de las primeras conversaciones que mantiene con el director del Hospital, intenta justificar sus delitos alegando lo que sería un error de hecho, pues afirma que las víctimas aparentaban ser mayores de edad y mostraron su conformidad. McMurphy no está loco, sino más bien todo lo contrario: es un malhechor que intenta librarse del duro trabajo carcelario, escudándose en una supuesta enfermedad mental que sabe fingir a la perfección.

Muy reveladora es la escena en la que entra por primera vez al centro hospitalario, con una euforia propia de quien creer ser capaz de burlar el sistema. Lo que nuestro protagonista nos sabe es que se va a encontrar con una despiadada adversaria, la enfermera Ratched, una mujer extremadamente fría y cínica, cuya terapia consiste en intimidar a los pacientes de manera metódica, con una agresividad pasiva que les doblega hasta quedar anulados y completamente dominados por su tiranía. Ratched no parece tener interés en educar o en sanar sino más bien «adiestrar» a los enfermos empleando como armas la autoridad, el miedo y el chantaje emocional.

Es recomendable detenerse en el nutrido grupo de pacientes que componen el variopinto escenario en el que se mueve McMurphy.   En   primer   lugar   tenemos a quien seguro que será el primero en conquistar al espectador por su benignidad e inocencia, el infantil Charlie Cheswick (interpretado por Sydney Lassick, a quien un año después veríamos en la gran pantalla como el fatídico Dr. Fromm, en Carrie). Le sigue alguien crucial en esta historia el «Gran Jefe» (a quien da vida Will Sampson), un indio americano y corpulento, que todos tratan como sordomudo, hasta que el propio McMurphy, de manera sorpresiva, (Brad Dourif) quien parece tener un grave problema de autoestima que condiciona sus relaciones con las mujeres, hasta el punto de haber intentado suicidarse. Tampoco podemos dejar de referirnos a un delirante Martini, personaje pintoresco e inofensivo (interpretado por un irreconocible Danny Devito). Completan el atractivo grupo de trastornados el siempre combatiente Max Taber (interpretado por el mítico Christopher Lloyd, que debutó en esta cinta y a quien le faltaban algunos años para crear su máquina del tiempo y sumergirse en el futuro junto a Michael J. Fox). Si bien estos son los ejes en los que centramos nuestra crónica, junto a ellos, aparecen otros personajes secundarios como el tranquilo Jim Sefelt (William Duell) o el siempre exhausto Bancini (Josip Elic).

Todos estos entrañables locos tienen miedo, obedecen a la despiadada Ratcher sin rechistar y McMurphy tarda poco en darse cuenta de ello y decidirse a cambiarlo. El protagonista es un delincuente cuerdo, capaz de conmoverse y rebelarse, a partes iguales, ante la situación que se le presenta. Quizás, víctima de su propio egocentrismo narcisista, McMurphy, quien en ningún momento se siente amenazado, decide emprender su propia cruzada contra el sistema, representado en ese momento por la temible enfermera Ratcher.

Y justo en ese momento, el idealista McMurphy, cual Moisés, se constituye como el profeta de la libertad y pretende guiar a este doblegado pueblo de criaturas indefensas hacia ella, aunque suponga desafiar las reglas de la Institución de la que todos dependen. La osada rebeldía de nuestro héroe nos deja escenas de gran calado, como esa mañana de pesca improvisada, o la imaginaria retransmisión de un partido de béisbol con su contagiosa pasión deportiva, así como las timbas de cartas o los partidos de baloncesto que juegan en el patio. McMurphy se empeña en mostrarles el camino hacia la libertad, en sacarlos de la monotonía y dignificarlos. Lo que ignora es que su propia vida peligra, pues la despiadada Ratched pronto advierte el peligro de este «engreído libertino» capaz de burlar su autoridad, y de desequilibrar su arraigado método, basado en manipular a los internos en esa encorsetada burbuja en el que los degrada.

Entre Ratched y McMurphy se sucede una batalla tan ácida como ingeniosa, que no tiene desperdicio y que nos deja pegados a la pantalla, no si empezar a presagiar el trágico final, pues claro está quien tiene el poder, frente a quien como únicas armas sólo cuenta con una gran inteligencia emocional, un espíritu de libertad capaz de vivir a contracorriente y una irrefrenable pasión por la libertad.

Ya al final de la película, su desenlace nos demuestra que Billy, McMurphy y el Jefe Indio, son los tres gansos de la rima que da título a la obra. El primero, un joven lleno de inseguridades y atemorizado hasta el extremo por la despiadada Ratcher, quien dice ser amiga de la madre de éste y le amenaza constantemente con contarle sus cosas. Tanto es así, que el pobre infeliz opta por suicidarse cuando es llevado al extremo de la culpabilidad tras haber mantenido relaciones sexuales con una joven que le ha proporcionado McMurphy.

Nuestro, a estas alturas de la película, adorable McMurphy, sufre un cruel castigo por su desobediencia y es lobotomizado, quedando en un estado prácticamente vegetal. Su amigo, el Gran Jefe, decide liberarlo como agradecimiento y le quita la vida pues se ve incapaz de alcanzar su libertad dejando a quien le enseñó el camino hacia ella en semejante estado. Es, por tanto, el Gran Jefe, el único que alcanza una libertad real escapando del manicomio y dando sentido a la muerte de McMurphy.

Estamos ante una brillante historia, que con maestría nos adentra, de manera tragicómica en la aberrante realidad de la psiquiatría tal y como era entendida en los años cuarenta. La lobotomía, palabra tan aberrante como su significado, consistía en cortar las conexiones de la corteza prefrontal del cerebro, dejando al paciente con la personalidad aniquilada, como un verdadero autómata.

Quedémonos con los sueños de libertad, con el espíritu de lucha, con la humanidad de un embaucador delincuente que   nos   enseña   que la dignidad humana debe preservarse siempre sin olvidar que, lamentablemente, «En cualquier situación suele existir una persona cuyo poder jamás debemos subestimar».